sábado, 28 de julio de 2018

Guy de Larigaudie: Un santo para los scouts


En este mes de julio, que fenece, se ha llenado de campamentos scouts por doquier la geografía hispana. Yo, que vivo ya solo de nostalgias, recuerdo mis tiempos scouts como jefe scout dirigiendo campamentos y, tras mi sacerdocio, con tantas misas en campamentos bajo una encina o a la luz de la luna.
Quiero recordar aquí a uno de nuestros santos scouts. Aunque no ha sido oficialmente canonizado por la Iglesia, sí es un modelo para los scouts católicos del mundo. Me refiero a Guy de Larigaudie, escritor, explorador, conferenciante y periodista francés, nacido en París el 18 de enero de 1908 y muerto en el campo de batalla durante la segunda guerra mundial el 11 de mayo de 1940, en Musson, Bélgica, en la frontera de Luxemburgo.


Se le encontró encima una carta, escrita a una religiosa carmelita, en la que decía:
–Hermana: Estoy en pleno campo de batalla. Puede que no vuelva. Tenía hermosos sueños y grandes proyectos. Sin embargo, si no fuera por la pena inmensa que esto va a causar a mi pobre madre y a los míos, saltaría de gozo. Tenía tanta nostalgia del cielo..., y ahora presiento que pronto va a abrirse la puerta. Al ser tan grande mi deseo del cielo y de la posesión de Dios el sacrificio de mi vida no es tal sacrificio. Había soñado llegar a ser santo y ser un modelo para los lobatos, scouts y routiers. Demasiada ambición quizá para mi talla. Pero así era. Formo parte de un escuadrón de caballería y me hace feliz pensar que mi última aventura sea a caballo...
Dejó hermosos libros en los que contó sus aventuras de joven, habiéndose recorrido medio mundo, cuando en su tiempo ello no era fácil. En 1934 estuvo en Australia, con motivo del Jamboree scout de Frankston. En 1935, visitó los Estados Unidos. En 1936, las islas del Pacífico. Y en 1937, se lanzó con su amigo Roger Drapier, a la mayor aventura de su vida: el primero que unió en automóvil Francia con Indochina al volante de un Ford 19 CV, viejo cacharro que ya tenía 70.000 kilómetros encima y al que bautizó como Jeannette. Después de Ginebra, Viena, Budapest, Belgrado, Sofía, llegó a Palestina, atravesó Afganistán y la India para lanzarse a lo desconocido, falto de mapas precisos, sorteando regiones accidentadas de difícil acceso, para llegar finalmente a Saigón, donde, ya en 1938, una emocionante fiesta scout se desarrolló en el recinto de un gran estadio en su honor. A su vuelta a Francia, recaló en el puerto de Marsella el 4 de julio de 1938, donde Guy contó su largo viaje a un periodista de Radio París.
Recojo aquí algunos de sus pensamientos extractados especialmente de su libro «Etoile au grand large», que fue traducido al español hace años por la Editorial Sígueme con el título de «Buscando a Dios».
–Nuestra vida no es más que una sucesión de gestos ínfimos, que divinizados labran nuestra eternidad.
–Tan hermoso es pelar patatas por amor de Dios, como edificar catedrales.
–Nuestro deseo de felicidad es demasiado grande para que pueda colmarse con algo distinto del Más Allá.
–Admira y haz tuya la belleza del universo esparcida a tu alrededor. Esfuérzate en traducirla, aunque sea en páginas imperfectas, para que suba en humilde homenaje hacia el Señor.
–Sigue el camino –tortuoso o recto– que Dios te ha señalado. Pase lo que pase no lo abandones, porque es el tuyo. Lánzate audaz y alegremente, y cuando tropieces con la única aventura, el don total a Dios, acéptala. Sólo Dios cuenta. Sólo su luz y su amor pueden colmar nuestro pobre corazón, demasiado grande para el mundo que lo rodea.
–Una religión negativa: no harás esto, no harás lo otro. ¡Nunca! Sino un amor a Dios tan profundo, tan intenso, que brote a flor de labios siempre, constantemente. Esto es lo positivo, lo único capaz de mantenerte en pie contra viento y marea.
–Hacer de la vida una conversación con Dios.
–Nuestras faltas han de servirnos de trampolín para el amor.
–No somos más que almas imperfectas en pobres cuerpos humanos cargados de deseos. Pero os amamos, Dios mío, os amamos con toda la fuerza de estas pobres almas, con toda la fuerza de estos pobres cuerpos.
–No comprendemos nada de nada. Se esconde un misterio tan profundo en la germinación de un grano de trigo como en el movimiento de las estrellas. Pero sabemos perfectamente que sólo nosotros somos capaces de amar. Por esto el más pequeño de los hombres es mayor que todos los mundos reunidos.
–Debía ser mestiza: hombros espléndidos, labios macizos, ojos inmensos. Era bella, salvajemente bella. No tenía que hacer más que una cosa. No la hice. Monté a caballo y partí a toda velocidad, llorando de desesperación y de rabia. Creo que en el día del Juicio, si no tengo otra cosa positiva, podré ofrecer a Dios, como una gavilla, todos esos abrazos que, por su amor, no he querido dar.
–Nuestro mundo no está hecho a nuestra medida y tenemos el corazón triste a veces de tanta nostalgia del cielo.
–La naturaleza es violencia, robos, muertes. Aves de rapiña que se acechan, huyen, se persiguen encarnizadamente y se devoran. Su objetivo, matar y no ser muerto. Sólo el hombre ha inventado la dulzura. La Hermana de la Caridad rehace el mundo.
–Hay mujeres que conservan alma de muchacha durante toda la vida.
–Cuando, frente al mar, el desierto o una noche tachonada de estrellas, se siente el corazón a punto de estallar de felicidad, es bueno pensar que más allá encontraremos algo mucho más hermoso, más grande, algo a la medida de nuestra alma, algo que colmará el inmenso deseo de felicidad que es, a la vez, nuestro sufrimiento y nuestra grandeza de hombres.
–En la última torreta del palo mayor de un velero, cuando no hay tierra a la vista, uno posee para él solo el círculo del horizonte. Pero inmediatamente aflora el deseo de empujar más esa línea, de hacer estallar ese límite que, a pesar de todo, nos aprisiona, porque estamos hechos para lejanías más dilatadas que las pobres perspectivas de los horizontes de este mundo.

2 comentarios:

  1. Soy ya mayor, jubilada. Pero en mi lejana juventud fui scout (Scout un día, scout toda la vida) y el libro de Guy de Larigaudie "Buscando a Dios" fue una de las fuentes de inspiración de mi adolescencia. Releo las frases que citas y veo con alegría que las reconozco y las recuerdo, casi de memoria. Gracias por traer aquí su recuerdo y recibe un saludo scout emocionado de Cigarra Tranquila (mi totem en los scouts)

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  2. Encontré esta página de casualidad. Gracias por poner estos pensamientos de Guy. Al igual que a Cigarra Tranquila, los escritos de Guy iluminaron mi adolescencia y la de mis hermanos de la tropa. Igualmente, muchas de ellas las recuerdo de memoria, a mis 60 años de edad. En la República Argentina la editorial scout las publicó bajo el título "Estrella en la Inmensidad", parte de una de las frases de Guy. Gracias por recordar al "legendario Rover".
    Jaguar Leal.

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