domingo, 10 de noviembre de 2019

María Emilia Riquelme, la hija del general


Buena parte de la vida de María Emilia Riquelme, que ayer, 9 de noviembre, fue beatificada en la catedral de Granada, la pasó en Sevilla. Es lo que quiero relatar aquí, aunque sea brevemente.
Nació en Granada en 1847. A los dos días, 7 de agosto, fue bautizada en la parroquia del Sagrario. Su padre, Joaquín Riquelme, era un militar de bigote. Y al decir esto, quiero expresar dos cosas. Primero, que era un hombre de cuerpo entero, caballero con sentido del honor y del valor, espíritu cívico y militar, patriotismo y fervor religioso. También, como todo militar que se precie en su siglo, mostraba un bigote grande y espeso, lo que se dice un buen mostacho. Su madre, María Emilia Zayas, era la buena esposa del militar con el porte y la educación de una joven de la alta sociedad granadina.


El general vino a Sevilla como capitán general de Andalucía en 1875, ciudad que marcará la vida de María Emilia. Ingresará en un colegio de interna. La clase aristocrática tenía por aquel entonces una escuela regentada por doña Luisa de Padilla que recibía alumnas externas, mediopensionistas y pensionistas. Poco antes, en 1868, llegaron a Sevilla las religiosas del Santo Ángel, de cultura francesa, y años después, en 1889, las del Valle, conocidas por las Irlandesas, que darán a la enseñanza femenina sevillana un impulso especial. Prácticamente no había escuelas públicas en Sevilla en aquel entonces. Sólo escuelitas privadas con mayor o menor fortuna donde se aprendía a leer y escribir y poco más. En este tiempo, pero en un extremo de la Sevilla amurallada, junto a la Puerta del Sol, cercano a la Macarena, aprendía malamente sus primeras letras una niña que con el tiempo será muy amiga de María Emilia y conocida para bien de Sevilla y de la Iglesia como Santa Ángela de la Cruz.
Pero María Emilia pertenece a la clase bien y para estas niñas existe en Sevilla el colegio de doña Luisa de Padilla, con maestras ayudantes, que enseñan las disciplinas que se exigían en las futuras damas casaderas: ortografía, composición y lectura, francés, piano, arpa, bor­dado en oro y plata, cosido de ropa fina, encajes, confección de ramos. También una estricta formación religiosa, con catecismo, historia sagrada y prácticas piadosas en el oratorio del colegio.
En febrero de 1885 muere el general Riquelme. Y María Riquelme, huérfana, pensó en una vida en religión. Se embarcó primero en la aventura de las Esclavas del Divino Corazón, instituto que acababa de fundar en Coria el obispo don Marcelo Spínola. Pero no le fue bien y volvió a Sevilla. Le vienen ganas de ser Hermana de la Cruz, pero Sor Ángela, que la recibe siempre con un trato maternal, le dijo: «Piénsalo; yo te quiero, pero no es eso lo que Dios quiere de ti». Como insistía, llegó a formalizarse la entrada, pero en ese momento se puso tan enferma, que Sor Ángela le dijo: «¿Ves? Yo sabía que esto no es para ti».
Sor Ángela, que ha deambulado con sus Hermanas por varias casas de Sevilla, necesita una más amplia. El marqués de San Gil ha puesto en venta su casa-palacio en la calle Al­cázares. Es lo ideal, con amplios terrenos detrás que llegan hasta la calle doña María Coronel. Su precio: 40.000 duros. Sor Ángela pone el asunto en manos de San José. Precisamente en su día, 19 de marzo de 1887, termina el plazo de demora dado por el marqués. Hay un buen puñado de duros ofrecidos por el arzobispo y otras almas caritativas, pero falta la cantidad suculenta que permita el trato. María Emilia está en cama aquejada de una dolencia. Ha envia­do recado para que acuda una Hermana a su domicilio: «Asunto ur­gente». Cuando llegan las Hermanas reciben de ella un sobre con 9.000 duros, que vinieron de perlas para firmar el trato. Es la Casa-Madre actual, tan bonita, tan limpia, tan sevillana. Cuando a María Emilia voces familiares le recriminaban su cuantioso donativo, ella contestaba sonriendo: «No apurarse, nada he perdido: lo he depositado en un banco que no quiebra».
Finalmente fundará en Granada a las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada el 25 de marzo de 1896, congregación religiosa en la que quiso aunar su amor a la Eucaristía con la acción misionera, ejes de su vida. Después de Granada siguieron las fundaciones de Madrid y Barcelona y la aprobación del Papa en 1912. Murió a los 93 años, después de una vida intensa y plena, en la Casa Madre de Granada el 10 de diciembre de 1940. ¿Sabéis cómo se retrató ella? «En Dios todo lo encuentro, sin Él nada quiero. Él me satisface plenamente». Y también: «Toda de Dios y de sus hijas es esta pobre viejecita».

viernes, 8 de noviembre de 2019

8 y 9 de noviembre: días aciagos para Alemania


8 de noviembre de 1923
La figura de Adolf Hitler asoma en 1923 con un intento de golpe de Estado en Baviera para implantar, por la fuerza, un Estado nacionalsocialista. Conocido como Putsch de Munich o Putsch de la Cervecería, en la noche del 8 al 9 de noviembre de 1923, fue provocado por miembros del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP) y reprimido por la policía con una docena de muertos. Hitler se fracturó un brazo y fue arrestado y condenado a cinco años de cárcel, de los que cumplió solo unos meses.
En Munich se hallaba de nuncio Eugenio Pacelli y el 9 de noviembre, al día siguiente del Putsch, telegrafió un mensaje al cardenal Gasparri, secretario de Estado de la Santa Sede:
–En la noche pasada, Hitler con bandas armadas declaró cesado el gobierno bávaro, arrestado ministro presidente y proclamado nuevo gobierno nacional alemán con Ludendorff como jefe del ejército… Se cree en breve tiempo orden podrá ser restablecido, probablemente no sin derramamiento de sangre.


 Un día después, informa que la situación es «todavía bastante crítica» y se prevé «graves agitaciones» en el caso de que el ejército del Reich, que está marchando sobre Munich, se una a las SA, la banda armada de Hitler.
Finalmente, el 12 de noviembre, Pacelli comunica a Roma:
–Hitler arrestado. Tranquilidad restablecida.
Bob Murphy, vicecónsul norteamericano en Munich, se entrevistó con Pacelli, del que es amigo, y le pidió su opinión sobre Hitler. Pacelli le contestó:
–Nunca más volveremos a escuchar ese nombre.
Y añadió: 
–Está liquidado. 
Pacelli no era el único que pensaba que la carrera política de Hitler era ya historia. El Putsch de la Cervecería fue una chapuza de despropósitos y los periódicos del momento lo calificaron de «minirrevolución de cervecería» y «travesura de escolares que jugaban a los pieles rojas». El New York Times estimó que «el Putsch de Munich elimina definitivamente a Hitler y sus seguidores nacionalsocialistas». 
Veintiún años después, en junio de 1944, Bob Murphy entró en Roma con el V Ejército americano del general Clark, recuperando la Ciudad Eterna de los nazis. Acudió al Vaticano a visitar a su viejo amigo Pacelli, que ya es papa Pío XII, y le recordó su juicio errado sobre Hitler. El Papa, sonriendo, le respondió: 
–Recuerde, Bob, que eso fue antes de que yo fuese considerado infalible.
Diez años después, en 1933, no solo no se ha dejado de escuchar el nombre de Hitler sino que se ha encaramado al puesto de canciller del Reich. 
Nombrado el 30 de enero, se convirtió en el más joven regidor de una república todavía formalmente democrática. Esa tarde, los camisas pardas desfilaron por la Wilhelmstrasse de Berlín, marchando al canto del Horst Wessel Lied, el himno del partido, mientras Hitler elaboraba en la Cancillería un programa que quedó resumido en esta frase del dictador, recordada por Emmy Goering, esposa del lugarteniente de Hitler y comandante supremo de la Luftwaffe, Hermann Goering:
–Ha dado comienzo la máxima revolución racial alemana de la Historia universal.

9 noviembre de 1938
La revista Time declaró en 1938 a Hitler «Hombre del año» y publicó su imagen en portada. Y lo que fue más sorprendente: ser considerado candidato al Nobel de la Paz en enero de 1939.
En la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, estalló en Alemania el odio antisemita en lo que se llamó «Noche de los cristales rotos». Días antes, el joven judío polaco de origen alemán Herschel Grynszpan, que ha visto cómo sus padres han sido deportados de Alemania a Polonia, asesina en París al tercer secretario de la Embajada nazi Ernst von Rath.
Este asesinato sirvió de pretexto para lanzar unos pogromos contra los judíos en toda Alemania y Austria. Un ataque pensado para que pareciera espontáneo, pero que estuvo orquestado por el partido nazi. La brutal agresión alcanzó no solo a las personas, también a las casas, negocios y sinagogas.
Al día siguiente, Heydrich, jefe de la Gestapo, presentó este balance a Goering:
—A esta fecha, la magnitud de la devastación de comercios y apartamentos judíos no se puede cifrar todavía. Las cifras ya conocidas: 815 comercios demolidos, 29 almacenes incendiados, 171 casas incendiadas, no representan más que una parte de los alborotos. Vista la urgencia, la gran mayoría de relaciones que nos han llegado se limitan a datos generales como «destrucción de la mayoría de los almacenes» o «destrucción de la mayoría de los comercios». 191 sinagogas han sido incendiadas y 76 han sido completamente destruidas. 20.000 judíos han sido arrestados, lo mismo que 7 arios y 3 extranjeros. 36 judíos han sido asesinados, 36 gravemente heridos…
Tras la «Noche de los cristales rotos», comienza en Alemania la caza abierta del judío. La prensa nazi es una soflama continua de improperios antisemitas. Valga un ejemplo. El periódico de las SS Das Schwarze Korps publicó el 24 de noviembre:
–El programa es claro. Hele aquí: eliminación total, segregación completa. ¿Qué significa esto? Esto significa no sólo la eliminación de los judíos de la economía alemana, –eliminación que ellos han merecido por sus crueldades y por sus incitaciones a la guerra y al asesinato–. ¡Esto significa mucho más! No se puede consentir que el alemán viva bajo el mismo techo que los judíos, raza marcada de asesinos, de criminales, de enemigos mortales del pueblo alemán.  Por consiguiente, los judíos deben ser expulsados de nuestras casas y de nuestros barrios y deben estar alojados en calles y en casas donde estén juntos y tengan el menor contacto posible con los alemanes. Es preciso estigmatizarles y quitarles el derecho de poseer en Alemania casas e inmuebles, pues no es conveniente que un alemán dependa de un propietario judío y que le alimente con su trabajo…
Y comienza el éxodo de miles y miles de familias judías, despavoridas de miedo, que tratan de encontrar refugio donde buenamente se pueda. Dolor provocado por un odio irracional difícil de describir sobre el papel.

martes, 5 de noviembre de 2019

Santa Ángela de la Cruz: Catedral al aire libre

Hoy celebra la Iglesia la festividad de Santa Ángela de la Cruz, beatificada en Sevilla el 5 de noviembre de 1982 y canonizada en Madrid el 4 de mayo de 2003 por el Papa Juan Pablo II. La Iglesia ha escogido el 5 de noviembre, día de su beatificación en Sevilla, como fecha litúrgica de su festividad.
Ese 5 de noviembre de 1982, a las diez de la mañana, El Real de la Feria, esa llanada inmensa que Sevilla reserva para su fiesta abrileña, se convirtió en una Catedral al aire libre. Sobre el altar de plata de Juan Laureano de Pina, los santos patronos de Sevilla, Justa y Rufina, Hermenegildo y Fernando, Leandro e Isidoro, presididos por la bellísima Inmaculada de Martínez Montañés, la popular Cieguecita. Y en lo alto del monumental baldaquino, aureolado, el cuadro de Sor Ángela de la Cruz. Sobre el altar, el Papa Juan Pablo II preside la Eucaristía, concelebrada por dieciocho obispos y cientos de sacerdotes. En la explanada, el pueblo, el generoso pueblo de Sevilla y de otros lugares, cercanos al medio millón, que dieron colorido y fervor al acto de la beatificación.


 «Nos... declaramos que la venerable Sierva de Dios Ángela de la Cruz Guerrero y González, fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, de ahora en adelante puede ser llamada Beata, y que se podrá celebrar su fiesta en los lugares y del modo establecido por el derecho...»
Con voz solemne, el Papa ha pronunciado la fórmula de beatificación. A partir de ese momento, Sor Ángela puede ser llamada y venerada como Beata Ángela de la Cruz. Pero el pueblo de Sevilla –han pasado algunos años– la sigue llamando familiarmente Sor Ángela. Pues dejémoslo así, que lo quiere el pueblo.
Eso dijo el Papa en la homilía:
–Sé que la nueva Beata es considerada como tesoro común de todos los andaluces, por encima de cualquier división social.
Pues eso, la Beata y Santa Ángela de la Cruz sigue siendo para los sevillanos y andaluces en general la misma de siempre, la que está entronizada en todas las casas, en estampa amable de religiosa buena, la amiga vecina a la que se invoca y llora las penas del alma, sencillamente... Sor Ángela de la Cruz.
Confesó Juan Pablo II:
–He querido dejaros un precioso regalo, glorificando aquí a Sor Ángela.
Y resultó un acto inolvidable, que Sevilla supo agradecer.
Si hubiera sido en Roma –Sor Ángela presenció en Roma la beatificación del capuchino Beato Diego José de Cádiz– habría resultado igualmente inolvidable, pero sin la sal y pimienta del pueblo llano, ese pueblo que tanto quería Sor Ángela.
Por eso hay que agradecer al Papa ese gesto, ese precioso regalo: Sor Ángela, exaltada a la gloria de los altares en la Sevilla de sus amores, entre los suyos.
Por la tarde, antes de partir para Granada, Juan Pablo II visitó la Casa Madre y veneró la tumba de Sor Ángela, ya en su hornacina nueva donde se puede contemplar su cuerpo incorrupto.
Después bendijo a las Hermanas de la Cruz, apiñadas en torno al Papa, y marchó al aeropuerto.
En la pista de aterrizaje, unas sevillanas le cantaron y bailaron:
«No te vayas todavía, no te vayas por favor...»

sábado, 2 de noviembre de 2019

Bueno Monreal y el cardenal Segura


Hoy, 2 de noviembre, se cumplen 65 años de la llegada a Sevilla de José María Bueno Monreal como arzobispo coadjutor del cardenal Segura y con plenos poderes de jurisdicción de la diócesis. ¿Por qué Roma tomó esta resolución? Porque Segura había llegado a ser un problema eclesial de primera magnitud. Y a Roma se le acabó la paciencia. Trataron de ponerle un obispo auxiliar en la figura de Antonio Tineo Lara, párroco de Omnium Sanctorum, que Segura rechazó. Corrió también el nombre de Valentín Gómez, penitenciario de la catedral, que también rechazó. Le mutilaron la archidiócesis al elevar Huelva a obispado. Por último, le pusieron un arzobispo coadjutor con plenos poderes.


 Bueno Monreal y Segura.

En diciembre de 1953 llegó de nuncio a Madrid monseñor Antoniutti, con un propósito bien claro: cargarse a Segura. La palabra «cargarse» no forma parte del vocabulario diplomático vaticano, pero la realidad era esa. Para Antoniutti, Segura era un «personaje anormal» y la Santa Sede debía adoptar una «solución definitiva».
Segura huele que tratan de moverle la silla arzobispal. Y hace un último intento por congraciarse con Roma. El 1 de noviembre de 1954 preside en Roma la peregrinación de las cofradías sevillanas para celebrar la fiesta de la Realeza de María. Tres días antes, Pío XII había firmado la bula de nombramiento de Bueno Monreal, obispo de Vitoria, como arzobispo coadjutor con derecho a sucesión.
En la noche del 31 de octubre, Bueno Monreal recibe en Vitoria, donde era obispo, una llamada telefónica de la Nunciatura para que se persone en Madrid al día siguiente. El 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos, tomó su viejo coche alemán Borgward negro conducido por su chófer Jesús Martínez, prudente y callado como un cartujo, y acudió a la Nunciatura en Madrid acompañado de su capellán Jesús Mendi.
La entrevista con el nuncio fue breve. Le dio una carta, copia de las bulas que aún no habían llegado de Roma, y le dijo que se persone en Sevilla y tome posesión de la diócesis ante el Cabildo catedralicio antes de las 12 horas del día siguiente, 2 de noviembre, festividad de los Fieles Difuntos.
Mientras, en Roma, la plaza de San Pedro es un «bosque de banderas y estandartes» del mundo entero. Y en aquella marea de lábaros marianos, los Simpecados de las cofradías sevillanas: Gran Poder, Silencio, Amargura, Macarena, Esperanza de Triana, los Gitanos, Rocío... Cuarenta y siete cofradías, ajenas todas ellas y Segura que las presidía de lo que acontece en Sevilla.
El 2 de noviembre, Bueno Monreal se presentó ante el Cabildo catedral, después del coro de los canónigos, y presentó el documento firmado por el nuncio Antoniutti en el que se dice que el Papa le ha nombrado arzobispo coadjutor con derecho a sucesión. Los canónigos lo acatan y Bueno Monreal presta juramento «de defender los Estatutos y laudables costumbres de la Santa Metropolitana y Patriarcal Iglesia de Sevilla». ¿No es sorprendente que no hubiera habido una sola voz discrepante, puesto que lo que allí mostraba Bueno Monreal era una simple carta del nuncio y no las Bulas o Letras Apostólicas, que no han llegado de Roma? ¿Y no es sorprendente que un arzobispo coadjutor tome posesión estando el titular de la diócesis ausente y precisamente en Roma?
Pío XII no recibió a Segura en audiencia privada. Tan sólo se vio con él en los actos litúrgicos del día 1 y en la audiencia colectiva de todos los prelados del día 2. A Segura le obligaron a recorrer tres dicasterios, donde le refirieron su situación personal. ¿Sabéis qué reacción tuvo? Amenazó con tomar un avión y exiliarse en Moscú. Fue un farol que se echó, pero imaginen qué escándalo se hubiera formado si lo hubiera llevado a la práctica. Piensen el momento histórico: año 1954, Stalin ha muerto el año anterior, telón de acero, Nikita Kruschev, el del zapato en la ONU, en el Kremlin... y un cardenal que pide asilo político.
Segura llegó a Sevilla el 9 de noviembre. Al día siguiente fue el encuentro. Once de la mañana. Despacho del cardenal Segura en el palacio arzobispal. La entrevista duró media hora. Bueno Monreal le mostró la carta de la Nunciatura en la que le acreditaba para el nuevo cargo. Como buen canonista, Segura le recordó que aquel papel no servía de nada, eran necesarias las Bulas. Y rompió la carta.
Cuando las Bulas lleguen a Sevilla, casi un mes después, el viejo león se plegará en obediencia. A regañadientes. El cardenal Segura seguirá en el palacio arzobispal y Bueno Monreal en el Seminario de San Telmo. La tensión electrizante entre ambos durará hasta la muerte de Segura en 1957.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Pío XII y el Milagro del Sol


El 13 de octubre de 1951, el cardenal Tedeschini, que fuera nuncio en España, fue enviado por Pío XII como Legado Pontificio a Fátima para la Clausura del Año Santo Universal. Cuando se despidió en Roma del Papa, Tedeschini dijo a Pío XII:
–Santo Padre, quisiera habla en Fátima de vuestras maravillosas visiones.
Pío XII trató de disuadirle:
–No, no…
Tedeschini insistió y el Papa le dijo finalmente:
–Bien; si tanto empeño tenéis, hablad de ello.


 Llegado a Fátima, en la misa de clausura, Tedeschini pronunció en su homilía las siguientes palabras:
–Os diré en confidencia (pero ahora hablo yo solo) que otra persona ha visto ese milagro. Otro lo ha visto mucho tiempo después, en el Vaticano: es el Papa, nuestro Soberano Pontífice, Pío XII en persona. ¡Lo ha visto! Eran las cuatro de la tarde de los días 30 y 31 de octubre y, después, el 1 de noviembre de 1950. En los jardines del Vaticano, el Santo Padre ha alzado los ojos hacia el sol y el milagro que se produjera en este valle hace años se repitió en aquellos días a la vista del Papa. ¿Quién podría fijar directamente la mirada en el sol rodeado de todo su esplendor? El Papa ha podido hacerlo. El sol se agitaba convulsamente, transformándose en una masa estremecida de vida, en un espectáculo de movimientos celestes, que de aquella manera transmitían al Vicario de Cristo silenciosos pero elocuentes mensajes.
A Tedeschini se le olvidó decir que el Papa observó un cuarto milagro del sol: el 8 de noviembre (octava de la definición del dogma de la Asunción). Y así se corrió por el ancho mundo algo que Pío XII solo había contado a ciertos cardenales, a sus monjas y a un reducido número de personas.
Sor Pascalina, la religiosa alemana que dedicó su vida, cuarenta años, al servicio de Pío XII, cuenta en su libro de memorias este suceso:
–El colofón del Año Santo iba a ser la proclamación del dogma de la Asunción de María, en cuerpo y alma, a los cielos, el 1 de noviembre. El 30 de octubre, a la vuelta de su paseo por los jardines vaticanos, nos contó Pío XII que, mientras paseaba, vio un espectáculo raro en el cielo. El sol estaba todavía bastante alto y parecía una bola oscura, de amarillo pálido, rodeada de un resplandor brillante. Delante del sol se mecía una nubecilla tenue y clara. El sol se movía ligeramente, como balanceando a derecha e izquierda sobre su eje, y en su interior se observaban unos movimientos continuos. El conjunto ofrecía una vista maravillosa y se podían fijar los ojos en él sin deslumbrarse. Al día siguiente, domingo, fuimos expectantes al jardín, pero volvimos desengañadas. No vimos el espectáculo. El Santo Padre nos preguntó: «¿Lo han visto? Hoy ha ocurrido lo mismo que ayer». El mismo espectáculo vio también el día de la promulgación dogmática, así como en la octava. A nosotras nos hubiera gustado verlo, pero no nos fue dado. Pío XII preguntó al observatorio de Castelgandolfo (Specula), pero tampoco allí observaron nada especial. El mismo resultado negativo dieron otras averiguaciones que mandó hacer Pío XII.
Andrea Tornielli, en su clásica biografía sobre Pío XII, cuenta que este fenómeno del sol lo revivió Pío XII un año después, el 10 de noviembre de 1951 en Castelgandolfo. Y añade:
–Pío XII estaba muy persuadido de la realidad del fenómeno extraordinario.
Lo confirma también sor Konrada, otra de las monjas a su servicio:
–Antes de la proclamación del dogma de la Asunción, el Santo Padre, durante un paseo por los jardines vaticanos, vio el milagro del sol. Yo fui a verlo una primera y una segunda vez, pero no vi nada.
El sobrino del Papa, Carlo Pacelli, refiere también este episodio de su tío:
–Sucedió que el 30 de octubre el Santo Padre habló por primera vez al Conde Galeazzi y a mí del fenómeno singular que ha podido ver mientras se hallaba en los jardines vaticanos para su acostumbrado paseo «de trabajo». Según dijo, el sol aparecía rojo con un velo de vapores y un halo en torno a él. Había podido mirarlo claramente con sus ojos. El sol se había movido en un cierto radio en todos los sentidos por el espacio de tiempo de un minuto. El Santo Padre afirmaba de haber visto el fenómeno con claridad, mientras estaba bien despierto; el ayudante de cámara Giovanni Stefanoni y el chófer, sin embargo, no habían visto nada. El 8 de noviembre, el Santo Padre volvió sobre el argumento, porque a las 16,30 había podido de nuevo notar el fenómeno extraordinario. El movimiento por él notado había sido, esta vez, más amplio que el verificado el 30 de octubre.
Es curioso que Pío XII fuera consagrado arzobispo por Benedicto XV en la Capilla Sixtina precisamente el domingo 13 de mayo de 1917, día de la primera aparición de la Virgen a los pastorcillos de Fátima.

domingo, 27 de octubre de 2019

Cuatrovitas, Reina de la Aceituna de Verdeo


Hoy es la romería de la Virgen de Cuatrovitas, desde la parroquia de Bollullos a su ermita. En el Aljarafe, a 16 km. de Sevilla, se encuentra la villa de Bollullos de la Mitación y a unos 6 km., la ermita de la Virgen de Cuatrovitas, patrona de Bollullos y del Gremio de la Aceituna de Verdeo del Aljarafe. La ermita, originariamente mezquita almohade que se adaptó al culto cristiano, es un edificio de planta rectangular dividido en tres naves. Su orientación islámica fue alterada al romperse el nicho del mihrab, abrir en él una puerta, mientras la entrada original se cubrió con el retablo. Este recinto ha sufrido en los tres últimos siglos importantes reformas. El retablo mayor, con columnas salomónicas, está presidido por la imagen de la Virgen de Cuatrovitas (0,75 m.), fechable, igual que el retablo, a comienzos del siglo XVIII.


Si la Virgen de Cuatrovitas es de tan reciente factura (siglo XVIII), ¿qué fue de la imagen primitiva? No se sabe, pero la leyenda está recogida en la Regla de la Hermandad matriz que se aprobó en 1826. Cuenta cómo, en fecha indeterminada, «fatigado cierto Pastor de la sed que le oprimía, se dirigió para saciar su necesidad al expresado Pozo, que lo halló todo iluminado con un resplandor extraordinario, que le sorprendió, y aturdido y fuera de sí se encaminó con precipitada agitación a la inmediata villa de Bollullos, y publicando esta novedad admirable, la Justicia, Ayuntamiento, Cura Párroco, Sacerdotes acompañados de otras muchas personas, se dirigieron al referido Pozo, donde cerciorados de cuanto había declarado el Pastor, procuraron averiguar en lo posible esta iluminante novedad. Advirtiendo que aquella claridad se comunicaba al Pozo por las estrechas concavidades de material de una de sus barrancas, y con este motivo se determinaron a desmoronar y franquear aquel sitio, donde encontraron una Cueva, y en su fondo colocada la Imagen de Nuestra Madre y Señora la Virgen Santísima con la de su Santísimo Hijo en una de sus benditas manos, y en la otra mano como especie de un higo, que se ignora su significado. El júbilo y admiración en los concurrentes fue general, cual merecía este prodigioso hallazgo, que brevemente fue divulgado por todos los Pueblos de la Comarca, que, apresurándose sus habitantes en tener parte en esta santa alegría, no perdieron momento en reunirse con los primeros y satisfacer sus deseos de rendir a esta prodigiosa imagen el debido culto y veneración».
Curiosamente, la Hermandad matriz era de Sevilla y no de Bollullos. Hermandad que tuvo sus Reglas aprobadas por la autoridad eclesiástica en 1595 y formada por «naturales y vecinos de Sevilla, para hacer la fiesta el día de Nuestra Señora de Agosto, porque aquel se celebra la fiesta santísima de Nuestra Señora de Cuatrovitas para efecto de ir a su casa y ermita y acompañar la procesión y celebrar su fiesta en el mismo día y para nos honrar en nuestros enterramientos». La mayoría de los hermanos residían en la calle Tintores o alrededores y celebraban cabildo en el vecino convento Casa Grande San Francisco, en la capilla de San Antonio, lo que hace suponer que esta Hermandad reuniera en sí al gremio de los tintoreros. De hecho, en la calle Tintores se hallaba a finales del siglo XVII un retablo donde se veneraba esta imagen de la Virgen.
Esta Hermandad organizaba todos los años la romería a Cuatrovitas por la Virgen de agosto, a la que se unían no pocos vecinos de Bollullos. Pero las reyertas y alborotos entre unos y otros llegaron al lamentable suceso del apuñalamiento de dos cofrades de la calle Tintores. Esto determinó al arzobispo Palafox, que rigió la diócesis hispalense de 1684 a 1701, a ordenar su separación y que los de Bollullos creasen nueva Hermandad en el año 1700.
Convivieron ambas Hermandades hasta el año 1750 en que desapareció la de Sevilla, por proceso incoado por el fiscal general de Arzobispado al encontrarse la Hermandad sevillana casi extinguida. Todos sus bienes pasaron a la de Bollullos, que se convirtió así en Hermandad matriz, y única.
La Virgen permanece todo el año en la ermita, cuidada por unos santeros, salvo dos meses largos del verano, en que es llevada al pueblo para recibir los cultos.
Comienza el día de Santiago, 25 de julio, con el traslado de la Virgen desde la ermita al pueblo. Llevada en andas por mujeres, la Virgen camina cubierta para librarla del polvo del camino, y se lleva a la parroquia, donde permanece hasta el cuarto domingo de octubre, día grande en Bollullos, en que se dan cita los pueblos comarcanos para acompañar a la Virgen en romería hasta su ermita.
El último domingo de octubre, tras la misa de romeros, a las ocho de la mañana, la Virgen vestida de pastora vuelve en su carroza, llevada por bueyes, a su ermita. A la llegada, las más de cien carretas que la han acompañado pasan delante de ella para rendirle el último adiós. Es emocionante la entrada, pasado el mediodía, cuando los jóvenes se resisten a introducirla en la ermita. Se oyen gritos de alabanza de la Virgen: ¡Viva la Virgen de Cuatrovitas! ¡Viva la Patrona de Bollullos! ¡Viva la Reina del Aljarafe! ¡Viva la Reina del Verdeo! ¡Viva la Reina de la Aceituna!
Cuatrovitas se prepara para celebrar sus 425 años en el 2020.

jueves, 24 de octubre de 2019

Crisis de fe en la Iglesia


Leo en la última publicación del guineano cardenal Robert Sarah «Se hace tarde y anochece» (Ed. Palabra, 2019):
–En 1966, durante una conferencia en el Katholikentag de Bamberg, el teólogo Joseph Ratzinger se muestra particularmente explícito. Para ilustrar la situación de la Iglesia en el mundo contemporáneo evoca la imagen de la catedral neogótica de Nueva York, rodeada y dominada por los gigantes de acero de los rascacielos. En el pasado eran los campanarios de las catedrales que dominaban las ciudades los que remitían a lo eterno: hoy son edificios sagrados que dan la impresión de estar sometidos y perdidos en medio del mundo.
Bello ejemplo para ilustrar la situación actual de la Iglesia, envuelta en el menosprecio de la modernidad, especialmente en Europa. Y como no quiero salirme del libro del cardenal Sarah, actual Prefecto de la Congregación para el Culto divino y la disciplina de los Sacramentos, –libro que recomiendo su lectura–, «la Iglesia vive una noche oscura… envuelta y cegada por el misterio de la iniquidad… la crisis que viven el clero, la Iglesia y el mundo es fundamentalmente una crisis espiritual, una crisis de fe. Vivimos el misterio de la iniquidad, el misterio de la traición, el misterio de Judas».


Cardenal Robert Sarah

Y reflexiona largamente sobre la figura de Judas.
–Jesús llamó a Judas igual que al resto de los apóstoles. ¡Jesús lo amaba! Lo envió a anunciar la Buena Nueva. Pero, poco a poco, del corazón de Judas fue apoderándose la duda. Sin dar señales de ello, empezó a juzgar la enseñanza de Jesús. Se dijo: este Jesús es demasiado exigente, poco eficaz. Judas quiso traer al mundo el Reino de Dios sin dilación, empleando medios humanos y conforme a sus propios planes. No obstante, había escuchado decir a Jesús: «Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos, mis caminos» (Is 55, 8). Pero Judas se alejó. Dejó de escuchar a Cristo. Dejó de acompañarlo en esas largas noches de silencio y oración. Se refugió en los asuntos del mundo. Se ocupó de la bolsa, del dinero y del comercio. El mentiroso continuó siguiendo a Cristo, pero ya no creía en Él. Protestaba entre dientes. La tarde del jueves santo el Maestro lavó sus pies. Muy endurecido debía de estar su corazón para no dejarse conmover. El Señor se arrodilló ante él como un humilde criado y lavó los pies de quien iba a entregarlo. Jesús posó sobre él por última vez su mirada llena de ternura y de misericordia. Pero el diablo ya había penetrado en el corazón de Judas y este no bajó los ojos. Seguramente pronunció en su interior las palabras de toda rebelión: non serviam, «no serviré». Sin renunciar a sus planes, comulgó durante la cena. Fue la primera comunión sacrílega de la historia. Y cometió traición.
El libro del cardenal Sarah va dirigido a todos los cristianos, pero especialmente a los sacerdotes.
–El misterio de Judas se propaga. Por eso quiero decirles a todos los sacerdotes: manteneos fuertes y firmes. Sí, por culpa de algunos ministros, os etiquetarán a todos de homosexuales. Arrastrarán por el fango a la Iglesia católica. La presentarán como si solo estuviera formada por sacerdotes hipócritas y ávidos de poder. No se inquiete vuestro corazón. El viernes santo acusaron a Jesús de todos los crímenes del mundo y Jerusalén gritó: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!». Pese a las encuestas tendenciosas que ofrecen un panorama desolador de eclesiásticos irresponsables y con una vida interior anémica al mando del gobierno de la Iglesia, manteneos serenos y confiados, como la Virgen y san Juan al pie de la cruz. Los sacerdotes, los obispos y los cardenales sin moral no empañarán el testimonio luminoso de los más de cuatrocientos mil sacerdotes fieles del mundo entero que, día tras día, sirven santa y gozosamente a su Señor. Pese a la violencia de los ataques que pueda sufrir, la Iglesia no morirá. Esa es la promesa del Señor y su palabra es infalible.
¿Qué solución presenta el cardenal Sarah?
–¡No dudéis! ¡Manteneos firmes en la doctrina! ¡Perseverad en la oración!... El misterio de Judas, el misterio de la traición, es un veneno sutil. El diablo intenta hacernos dudar de la Iglesia. Quiere que la veamos como una estructura humana en crisis. Pero la Iglesia es mucho más que eso: es la prolongación de Cristo. El diablo nos insta a la división y al cisma. Quiere hacernos creer que la Iglesia ha cometido traición. Pero la Iglesia no traiciona. ¡La Iglesia, llena de pecadores, está libre de pecado! Siempre habrá en ella luz suficiente para quienes buscan a Dios. No os dejéis tentar por el odio, por la división, por la manipulación. No se trata de tomar partido, de enfrentarnos los unos a los otros…
No me esperaba yo de un cardenal africano un libro tan sugerente que pone el dedo en la llaga de una Iglesia actual profundamente lacerada. Una última cita:
–La Iglesia se muere porque los pastores tienen miedo de hablar con absoluta honestidad y claramente. Tenemos miedo de los medios, miedo de la opinión pública, ¡miedo de nuestros propios hermanos!