sábado, 15 de noviembre de 2014

Asesinato en El Salvador

Once de la noche, 15 de noviembre de 1989. El coronel Benavides ha finalizado una reunión con el Alto mando y se ha dirigido a la Escuela Militar de El Salvador. En su oficina se reunió con el teniente Mendoza Vallecillos (destacado en la Escuela Militar), el teniente Espinoza y el subteniente Guevara Cerritos, estos dos miembros del batallón Atlacatl. Una hora antes el teniente Mendoza había recibido órdenes de reunir sus tropas en la Escuela Militar.
El coronel Benavides dijo:
–Son ellos o somos nosotros. Vamos a comenzar por los cabecillas. Dentro del sector de nosotros tenemos la Universidad y ahí está Ellacuría.
Y dirigiéndose al teniente Espinoza:
–Hay que eliminarlo y no quiero testigos.


Poco después de medianoche, ya estaban apostadas las tropas ante la UCA, la Universidad Católica que los jesuitas regentan en El Salvador. De 45 a 50 hombres armados. Espinoza explicó a los jefes de patrulla que había recibido órdenes de eliminar a los cabecillas intelectuales de la guerrilla.
Golpean la puerta. Les abre el P. Martín-Baró, que acompañó a un soldado para abrir el siguiente portón. Muy cerca se hallaba una casita, donde dormía la mujer de la limpieza con su marido y su hija pequeña. La mujer, Lucía de Cerna, al despertarse, oyó decir al jesuita:
–Esto es una injusticia. Ustedes no son más que carroña.
Cinco padres jesuitas fueron conducidos a la parte trasera de la residencia y obligados a ponerse boca abajo. El teniente Espinoza preguntó al subsargento Avalos cuándo iba a proceder. Este se acercó al soldado Amaya Grimaldi y le dijo:
–Procedamos.
Y comenzaron a disparar. Ávalos asesinó al P. Juan Ramón Moreno y al P. Amando López Quintana con un fusil M-16. El soldado Amaya, utilizando un AK-47, disparó contra el P. Ellacuría, el P. Martín-Baró y el P. Montes.
En otro lugar, el soldado Tomás Zarpate encañonaba a la cocinera de los jesuitas, Elba Julia Ramos, y a su hija Celina, de 15 años de edad, descubiertas por los soldados en el cuarto de huéspedes ubicado en el edificio donde residían los jesuitas. Zarpate oyó la voz de mando y disparó contra las mujeres.
En ese momento, otro jesuita, el P. López y López, salvadoreño, apareció en la puerta de la residencia. Al intentar huir, fue perseguido por un soldado que le disparó. Otro soldado, Pérez Vázquez, que salía del edificio, notó cómo el P. López le agarraba el tobillo. Pérez Vázquez le asestó cuatro disparos.
Al salir, Ávalos Vargas –el «Sapo» y el «Satanás», como era apodado por sus compañeros– pasó por el cuarto de huéspedes y oyó los gemidos de las dos mujeres, madre e hija, acurrucadas en la oscuridad, mortalmente heridas y abrazadas entre sí. Encendió un fósforo y ordenó al soldado Sierra Ascensio que las rematara. Sierra Ascensio disparó diez tipos sobre las indefensas mujeres. Dos meses más tarde, en diciembre, este soldado desertó del ejército y se hallaba en paradero desconocido.
Cumplida la misión, lanzaron una bengala, para alertar a la Escuela Militar que la «hazaña militar» se había cumplido con éxito. Simularon entonces un enfrentamiento, utilizando una ametralladora, un mortero anti-tanque y otras armas y dejaron sobre el portón de entrada un cartel en el que aparecía escrito: «El FMLN hizo un ajusticiamiento a los orejas contrarios. Vencer o morir. FLMN». Simulando que los crímenes habían sido cometidos por la guerrilla.
Ocurrió hace ahora exactamente 25 años. Cinco jesuitas españoles, un jesuita salvadoreño, la cocinera y su hija, fueron brutalmente asesinados en el campus de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), en San Salvador.
El 16 de noviembre de 2009, el Gobierno salvadoreño condecoró de manera póstuma a los seis sacerdotes con la Orden José Matías Delgado, recibida por familiares y amigos de los religiosos.

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